Ingresó a la asamblea en traje a la medida: el profesor descubrió la verdadera identidad del conserje (Parte 2)

Publicado por Emontero el

Si la humillación en las escaleras te encendió la sangre, prepárate. La arrogancia suele desplomarse por completo cuando se enfrenta al verdadero poder que intentaba pisotear.

Mientras Don Fernando caminaba tranquilamente hacia la zona de vestidores de la rectoría, el profesor Julián ingresó al salón principal del auditorio acomodándose la corbata con presunción. Frente a la mesa directiva se encontraban los decanos, el Rector y los inversionistas del consejo académico.

Buscando ganar puntos con las autoridades, Julián se acercó apresuradamente al Rector para denunciar el «incidente».

La denuncia descarada

«¡Señor Rector! Qué honor saludarlo», dijo Julián fingiendo preocupación institucional. «Disculpe el retraso, pero un viejo conserje e insolente interrumpió mi paso en la entrada. Sugiero que lo despidan de inmediato por faltarle al respeto a la plantilla docente.»

El Rector, un hombre serio de barba cana, lo miró con extrañeza y ajustó el micrófono del presídium.

«Profesor Julián, le pido que tome asiento», respondió el Rector con tono helado. «Estamos a punto de recibir al fundador y dueño absoluto de nuestro campus, quien viene a anunciar la reestructuración del personal.»

Julián sonrió con suficiencia, imaginando que el gran empresario respaldaría su postura elitista.

El colapso de la soberbia

Las puertas dobles de roble del escenario se abrieron de par en par.

Caminando con postura erguida, vistiendo un traje gris a la medida y portando en la solapa la medalla de oro de la orden universitaria, ingresó Don Fernando. Acompañado por su equipo de abogados, el anciano caminó hacia el centro del presídium.

Julián sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. La sangre se le congeló y el rostro se le volvió blanco como el papel al reconocer las facciones del hombre al que minutos antes le había tirado café en los zapatos.

«Buenos días a todos», dijo Don Fernando fijando su mirada implacable sobre el profesor. «Julián, hace un momento dijiste que un conserje jamás tendría el nivel de esta institución… pero olvidaste que yo fui quien construyó cada muro de esta universidad.»

(La historia continuará en la Parte 3…)


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