Creyó tener atrapada a la heredera en la gala de lujo: no sospechaba que la orden de cerrar las puertas era para encerrarlo a él

DESCRIPCIÓN / RESUMEN
En medio de una recepción de gala, un arrogante ejecutivo acorrala a una mujer herida contra una columna, burlándose de su desesperado intento por llamar a su padre. La risa del agresor se apaga de golpe cuando las compuertas blindadas de la mansión se cierran por completo, revelando que la llamada no era para pedir ayuda, sino para evitar que él saliera con vida.
GUION DRAMÁTICO EN DOS ESCENAS
ESCENA 1: La falsa victoria
Ubicación: Pasillo lateral del salón principal de una mansión de lujo. Iluminación cálida de candelabros, invitados al fondo vestidos de etiqueta.
Personajes:
- Valeria (28 años): Traje de noche negro, con golpes visibles en el rostro y sangre en el labio, sosteniendo un teléfono móvil contra su oreja.
- Adrián (34 años): Esmoquin impecable, auricular de seguridad en la oreja, sonrisa arrogante y mirada amenazante.
(La cámara inicia en un plano medio corto de Valeria, apoyada contra una columna de mármol. Mantiene la voz firme a pesar del dolor).
VALERIA
(Al teléfono)
Papá… sella todas las salidas ahora mismo.
(Adrián da un paso al frente, acorralándola contra la columna. Se inclina hacia ella con una sonrisa burlesca y llena de suficiencia).
ADRIÁN
(En voz baja y sarcástica)
¿De verdad sigues esperando que alguien venga a salvarte, linda? Estás sola en esto.
ESCENA 2: La verdadera amenaza
Ubicación: Mismo salón de gala. Los invitados al fondo conversan despreocupados.
Personajes: Valeria y Adrián.
(Un estruendo metálico ensordecedor retumba en todo el recinto. Las gigantescas puertas de cristal del vestíbulo son cubiertas instantáneamente por pesadas placas de acero blindado que bajan del techo, sellando la mansión por completo. El bullicio de la fiesta se apaga en un silencio sofocante).
(Adrián gira la cabeza bruscamente hacia el vestíbulo, perdiendo la sonrisa. Su rostro se desfigura en pánico mientras busca con la mirada a su equipo de seguridad, quienes permanecen inmóviles recibiendo órdenes por el auricular).
(Valeria baja el teléfono lentamente. Se limpia el hilo de sangre de la comisura de los labios y da un paso hacia él, fijando sus ojos con una frialdad implacable).
VALERIA
(Con voz grave y helada)
Esas puertas no se construyeron para dejar el peligro afuera, Adrián… Se construyeron para asegurarme de que hombres como tú no vuelvan a salir.
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