Fingió su propia muerte y asistió disfrazado a su velatorio: no esperaba escuchar la vil traición de su esposa y su mejor amigo (Parte 1)

Si las historias de traición y venganza donde los falsos caen en su propia trampa te apasionan, este relato te dejará sin aliento. Un poderoso magnate sospechaba que quienes lo rodeaban solo lo buscaban por su inmensa fortuna, así que fingió su trágica muerte en un accidente y asistió a su propio velatorio disfrazado de humilde empleado de la funeraria, sin imaginar la macabra verdad que descubriría.
En la sobria y elegante capilla ardiente de la mansión, el ambiente estaba cargado de flores blancas y un murmullo de falsas condolencias. Don Fernando, un hombre de 62 años de imponente intelecto, observaba todo desde una esquina vistiendo un traje sencillo de chofer, una barba canosa postiza y anteojos oscuros.
Entre los asistentes, su esposa Isabel, una mujer de 40 años que vestía un impecable velo negro, fingía un llanto desconsolado frente al féretro cerrado.
La farsa en la capilla ardiente
Sin embargo, en cuanto los invitados comenzaron a retirarse hacia el jardín, Isabel caminó disimuladamente hacia el pasillo lateral. Don Fernando la siguió a paso lento con una bandeja de café en las manos, manteniéndose en las sombras tras una columna de mármol.
Fue entonces cuando vio acercarse a Ernesto, su socio corporativo y amigo más cercano de toda la vida.
Ernesto tomó a Isabel por la cintura de forma íntima y la pegó a su cuerpo, sustituyendo el luto por una sonrisa de triunfo.
«Por fin nos libramos del viejo, mi amor…», susurró Isabel secándose una lágrima inexistente. «La hipocresía de llorar frente al ataúd me estaba matando de risa.»
Don Fernando apretó la bandeja con las manos temblorosas de rabia, conteniendo el impulso de encararlos en ese instante.
El plan para el despojo
Ernesto acarició el rostro de Isabel y sacó un documento doblado del bolsillo interior de su saco.
«Tranquila, preciosa», respondió Ernesto con voz helada. «El abogado ya tiene listo el testamento modificado. Esta misma noche firmaremos el traspaso de las propiedades y vaciaremos las cuentas bancarias antes de que la familia sospeche algo.»
Isabel sonrió con malicia y besó a Ernesto en los labios, a pocos metros del altar memorial.
«Celebraremos nuestro triunfo hoy mismo», dijo ella entre dientes.
Lo que ni Isabel ni Ernesto podían sospechar era que el féretro estaba vacío y que el verdadero dueño de la fortuna los observaba desde la penumbra, grabando cada palabra y preparando una venganza que destruiría sus vidas para siempre.
(La historia continuará en la Parte 2…)
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